República Popular de Polonia (1945-1979)

 

Człowiek z żelaza (1981) Dir. Andrzej Wajda  
El hombre de hierro Subtítulos en español  
La continuación de "El hombre de mármol". Narra las jornadas revolucionarias en los astilleros navales de Gdansk ( o Danzig) protagonizadas por los obreros del sindicato Solidaridad, en el verano de 1980. Ese mismo año, un periodista radiofónico, más amigo del régimen comunista que de la verdad, debe cumplir una misión de difamación contra un destacado militante del sindicato Solidaridad, que resulta ser el hijo del héroe de "El hombre de mármol" (1977).

Durante las huelgas de los astilleros de Gdansk a comienzos de los años 1980, Maciek Tomczyk, un obrero marcado por la muerte de su padre, milita en Solidaridad luchando a favor de los derechos sociales. El gobierno comunista encarga entonces a Winkel, un empleado de la televisión de Estado, de infiltrarse entre los obreros en huelga de los astilleros para investigar la actividad de Maciek y poder desacreditar en los ojos de la opinión pública. Durante la investigación, Winkel conoce la esposa de Maciek, un compañero de estudios y de otros personajes que le ayudarán a reconstruir la trayectoria sindicalista de Maciek. Comienza entonces una retrospectiva de la vida de Maciek que se sitúa en los disturbios de marzo de 1968. En esta época Maciek es un líder estudiantil e intenta convencer a su padre que los estudiantes deben participar en la lucha de los obreros de los astilleros. El padre, en un gesto protector y paternalista, se niega en rotundo y prohíbe a Maciek unirse a la manifestación.

Ya llegado el 1970 los obreros polacos se sublevan de nuevo y en una de las confrontaciones con la policía muere el padre de Maciek, el cual es tiroteado por la ZOMO. Maciek "pierde los nervios" y debe ser ingresado en una clínica para una vez recuperado del ataque de histeria abandonar los estudios incorporando al movimiento obrero.

Maciek Tomczyk comienza a trabajar en los astilleros pero pronto es despedido bajo el pretexto de intentar y de pretender organizar a los obreros una exposición que reconstruya los hechos de la muerte de su padre. El patrón de los astilleros consigue impedir la exposición justo cuando ésta ya iba a ser inaugurada. Ya sin trabajo Maciek se dedica a escribir textos críticos en contra del sistema y mientras reparte las octavillas es reducido por la policía y encarcelado por tres meses. Cumplida la condena Maciek se reincorpora a los astilleros de Gdansk mientras continúa activo en la movilización obrera, que estalla el otoño de 1980 en forma de huelga. El resultado de esta huelga es la fundación del sindicato obrero Solidarność.

Trailer "Człowiek z marmuru" ya reconstruido.
En el transcurso de realización "El hombre de hierro". En la foto Krystyna Janda como Agnieszka, Jerzy Radziwiłowicz como Maciek Tomczyk y Mateusz Birkut y Andrzej Wajda, el director de la película. Winkel, una vez que ha averiguado de la vida de Maciek Tomczyk, se da cuenta de que es la víctima de una manipulación y, a pesar de la presión ejercida por su jerarquía, presenta su dimisión y se acaba juntando con los sindicalistas.

Quizá este segundo film de Wajda sobre el régimen de su país tiene menor frescura, pero de nuevo vuelve a atrapar al espectador porque es un retrato muy preciso de unos momentos históricos en la historia de un país y de su movimiento obrero, y sólo podía hacerse cuando se hizo, pues luego llegaría el golpe de estado del general Jaruzelski. Curiosamente, el film nació a sugerencia de los obreros de los astilleros, que deseaban ver plasmada su lucha en la pantalla, al estilo de lo que habían visto en El hombre de mármol. Lo más sorprendente del movimiento Solidaridad es cómo sin violencia (sólo el estado recurría a tales métodos) y con el apoyo de la fe católica se lograron avances sociales increíbles en un país como Polonia, que parecía cerrado políticamente y socialmente a cualquier cosa que no fuera el totalitarismo comunista. Jerzy Radziwilowicz (Maciek Tomczyk) repite como hijo del obrero retratado en El hombre de mármol, bien apoyado por Krystina Janda (Agnieszka) de nuevo (aquí su personaje de cineasta ha madurado de un modo positivo) y Marian Opania (Winkel), que ofrece la óptica de quien no desea arriesgarse demasiado.

 

Creación de “Solidaridad”, federación sindical polaca autónoma e independiente.

 

Año 1980. Orígenes. En 1980 importantes cambios políticos y sociales abrieron un nuevo capítulo en la historia polaca de la posguerra, motivados por una grave crisis económica y una toma de conciencia colectiva en el seno de la clase trabajadora. El cambio más significativo fue la sustitución del primer ministro Piotr Jaroszewicz que renunció a su cargo el 15 de febrero, por Edward Babiuch, un íntimo colaborador de Gierek. El origen mismo del conflicto rebasa muy pronto el carácter puramente laboral y económico. Tras una serie de huelgas locales, la crisis social se agudizó en julio al decretar el primer ministro Edward Babiuch al aumento del precio de la carne: el Estado no podía mantener sus subsidios debido a una deuda exterior alarmante, consecuencia del fracaso de su programa de industrialización, de la escasez de la producción agrícola, del aumento del precio del petróleo, de la repercusión de la crisis del mundo occidental en las exportaciones polacas. El verano de 1980 marcará la fecha de una etapa decisiva en la lucha por su emancipación no sólo para el pueblo polaco, sino también para los pueblos de los demás países del bloque soviético. En agosto, cerca de un millón de personas se hallaban en huelga y el país sumido en la bancarrota. Los astilleros de Gdansk se convirtieron en el centro de las reivindicaciones obreras bajo el liderazgo de Lech Walesa, obrero de los Astilleros Lenin y líder incontestable del movimiento huelguístico. Pese a serias advertencias del gobierno, Gierek demostró cierta flexibilidad y el 31 de agosto accedió a la mayoría de las reivindicaciones obreras: aumento de salarios, congelación de precios, derecho de huelga, libertad sindical, etc. pero el Kremlin consideró excesivas las concesiones que amenazaban la hegemonía del partido comunista. Ver los estantes vacíos en las carnicerías en la década de los 80 era una cosa normal.
La firma del acuerdo de Gdansk el 31 de agosto de 1980 entre la comisión de gobierno representado por Mieczysław Jagielski y el comité de huelga – Lech Wałęsa y el surgimiento de la "Solidaridad" marcó en 1989 el comienzo de los cambios: el colapso del comunismo y el fin del sistema de post-Yalta. El 6 de septiembre Gierek era sustituido por Stanislaw Kania, bajo pretexto de un achaque cardiaco. Pero Kania mantuvo los acuerdos firmados con Lech Walesa en un primer momento. Anteriormente, el 24 de agosto, ya había caído el presidente del Consejo de Ministros, Babiuch, quien fue reemplazado por Jozef Pinkowski. Pero el acontecimiento de mayor trascendencia se produjo el 22 de septiembre al constituirse en Gdansk el sindicato Solidarnosc (Solidaridad), que contaba con el apoyo directo de la iglesia y la dirección del sindicalista católico Lech Walesa. Por primera vez un movimiento directamente obrero y con reivindicaciones salariales y laborales se alzaba frente a un régimen comunista.

La situación económica y social de Polonia se venía deteriorando desde mucho tiempo antes, pese a su capacidad industrial y sus riquezas naturales. La crisis del petróleo había repercutido también en Polonia y producido el aumento de su ya grave deuda exterior. Había aparecido el paro obrero (210.000 desempleados en una población total de 35 millones de habitantes, a finales de 1979) y la escasez de productos alimenticios y de primera necesidad. Los cambios de nombres en la dirección del Gobierno y del Partido Obrero Unificado Polaco (partido único, de inmensa mayoría comunista) a principios de 1980 no resolvieron los problemas. Comenzaron a registrarse huelgas y manifestaciones de protesta con carácter creciente. Edward Gierek, secretario general del partido, fue confirmado en su cargo en el VIII Congreso, pero el presidente del Gobierno, Jaroszewicz, obligado a dimitir, se vio sustituido por Edward Babiuch (18 de febrero de 1980), pero éste duraría poco en estas funciones, dando paso a Jozef Pinkowski (24 de agosto de 1980); el propio Gierek tuvo que ceder su puesto, después de haber sufrido un infarto, para ser sustituido por Stanislaw Kania (5 de septiembre de 1980).

Ascendía, en cambio, la figura del jefe de la oposición, Lech Walesa, cuyo centro de actuación era la ciudad de Gdansk (antes Danzig), importante puerto y centro industrial donde las huelgas fueron en continuo crecimiento, irradiando a todo el país.

Simultáneamente, la iglesia católica, cuyo primado era el cardenal Stefan Wyszynski, en continuo contacto con el Papa Juan Pablo II, que antes había sido arzobispo de Kraków (Cracovia) y había visitado Polonia en junio de 1979, mantenía una actitud en dos vertientes: una, aconsejar prudencia y moderación, por el riesgo de violencia o invasión soviética que podría yugular el progreso sindical definitivamente; otra, reclamar continuamente de los Poderes medidas de libertad y respeto a los derechos humanos y extender su protección a los huelguistas y sus líderes. La mayor parte de las huelgas y movimientos de protesta se acompañaban de cánticos y símbolos religiosos. Entre los importantes cambios que se produjeron en los altos cargos oficiales, destacó el nombramiento, por primera vez, de un líder católico al puesto de viceprimer ministro.

El viceprimer ministro, Mieczyslaw Jaglieski, y el jefe de la oposición, Walesa, firmaron un acuerdo de 21 puntos donde se consignaban las reivindicaciones principales del movimiento obrero. En cumplimiento de ese acuerdo se liberaron numerosos detenidos políticos y se abrió un plazo para la legalización de los sindicatos independientes ante el Tribunal de Varsovia: todos ellos se unificaron en el movimiento "Solidaridad" (NSZZ, Sindicato Profesional Independiente Autogestionario), el 22 de septiembre de 1980.

Confesión de un trabajador astillero en Gdansk, imagen de 1981. Durante las huelgas la Santa Misa fue celebrabda en las grandes fábricas de Polonia.
Encuentro de Juan Pablo II con el cardenal Stefan Wyszynski, Roma, 5 de noviembre 1980. El gobierno fue ampliamente renovado, y Kania mantuvo conversaciones con el cardenal Wyszynski (21 de octubre de 1980), quien inmediatamente fue a Roma para consultar la situación con el Papa. El Sindicato Solidaridad fue reconocido por el Tribunal de Varsovia (24 de octubre de 1980), pero indicando que debía reconocer el papel dirigente del POUP y las alianzas internacionales de Polonia (es decir, el régimen comunista y la dependencia ante la URSS). Pocos días más tarde convocaba una huelga general de 24 horas como protesta por incumplimiento, por parte del Gobierno, de los acuerdos de 31 de agosto: aumento inadecuado de salarios, e interferencias en la labor del sindicato libre. Solidaridad interpuso un recurso y advirtió que, de no ser éste aceptado, habría una ola de huelgas. Kania, que había hecho una breve visita a Moscú, advirtió que había "signos de anarquía" en el país y denunció "la manipulación del arma de la huelga". La Conferencia Episcopal (11 de diciembre de 1980) insistió en advertir a todos que no debían "emprender actividades que puedan situar a la patria en una situación de amenaza a su libertad y a su entidad nacional". Los hechos darían la razón a Solidarnosc: el 10 de noviembre el Tribunal Superior de Justicia anuló la decisión del Tribunal local de Varsovia que había registrado el sindicato bajo una cláusula de sumisión al control del partido comunista. La fórmula de compromiso fue la introducción de la cláusula en un anexo a los estatutos de la organización.

Al finalizar el año el movimiento dirigido por el sindicato Solidaridad no había bajado la guardia ante cualquier indicio de violación de los acuerdos del mes de agosto. Moscú seguía con atención los acontecimientos y, el 5 de diciembre, los líderes de los países del Pacto de Varsovia, reunidos en Moscú, manifestaron su esperanza de que Polonia superara la crisis en el contexto de los principios del tratado. Clara advertencia al posible desviacionismo polaco.

Año 1981. Ilegalización del sindicato "Solidaridad". Los acontecimientos políticos, durante el año 1981, fueron particularmente críticos. En pocas palabras, significaron el máximo momento de tensión entre las fuerzas populares agrupadas en torno del Sindicato "tolerado" Solidaridad, apoyado por la iglesia, y el aparato gubernamental del Partido, sostenido por el Ejército. El balance final fue la asunción del poder por parte de las fuerzas armadas que decretaron el estado de guerra como único medio para garantizar el orden establecido.

En la base de toda esta crisis estaba la debilidad del Partido Obrero Unificado (POUP), que no se había resuelto, en modo alguno, con la sustitución de su primer secretario, Edward Gierek, por Stanislaw Kania, en septiembre de 1980. Como consecuencia del auge de la protesta popular y de las propias dificultades internas del Partido, el primer ministro Jozef Pinkowski dimitió de su cargo, el 9 de febrero, antes de haberse cumplido medio año de su mandato. A propuesta de Stanislaw Kania, el ministro de Defensa, general Wojciech Jaruzelski, accedió al cargo de primer ministro, el 11 de febrero, y en su primera alocución al país insistió en evitar todo tipo de actividades de falso anarquismo, que suponían la destrucción del socialismo y, en definitiva, constituían actos contrarrevolucionarios. Para ello propuso un programa de austeridad de diez puntos, que debía suponer el apuntalamiento de la economía polaca amenazada de auténtica bancarrota, aunque retardaba para más adelante algunas de las mejoras sociales que estaban en el origen de las constantes huelgas populares apoyadas por "Solidaridad".

Marzo 1981. Gral. W. Jaruzelski participando en los ejercicios de las tropas del Pacto de Varsovia “Sojuz-81” (ensayados hasta el 07 de abril).
El 16 de octubre de 1981 con la decisión en IV Asamblea General del Comité Central del Partido Comunista (KC PZPR) Wojciech Jaruzelski, después de hacer la renuncia por el Stanislaw Kania, fue elegido para el cargo de I Secretario del Comité Central. Ocupará el cargo hasta el julio de 1989. El saliente S. Kania en la foto el 18 de octubre. En el plano político, el congreso de Solidaridad pareció que rompía, hasta cierto punto, con la autocensura que se había impuesto desde sus inicios. No sólo reclamó elecciones libres, un referéndum sobre la autogestión y el derecho a presentar proyectos de ley, sino que, en la pura tradición histórica del movimiento obrero internacional, lanzó un llamamiento a los trabajadores de los demás países del bloque soviético para que crearan sus propios sindicatos independientes. El congreso, además, jugó hábilmente con el reconocimiento, por su parte, de las instituciones del país, y en primer lugar del Parlamento (Sejm). Convirtiéndolo en lugar de negociaciones entre el sindicato y el poder (partido), le obligaba a mostrar, en la práctica, que escuchaba la voz del país real que legalmente pretendía representar. El resultado de esa táctica se plasmó, el 25 de septiembre, con la aprobación, por el Parlamento, del proyecto de ley sobre autogestión empresarial: en adelante, los responsables de empresas serían, en su mayoría, elegidos por el conjunto del personal.

Durante los meses siguientes, la situación se hizo cada vez más insostenible, pues dio origen a la lógica preocupación, por parte de la Unión Soviética, que no estaba dispuesta a tolerar el descrédito del POUP, así como el posible triunfo popular de Solidaridad. Así lo manifestó el ministro de Asuntos Exteriores, Andrei Gromyko, durante la visita que efectuó a Varsovia, a principios de julio. Poco antes, a finales de marzo e inicios de abril, las fuerzas militares del Pacto de Varsovia habían realizado unas operaciones militares en territorio polaco, denominadas Soyuz 81, auténtica advertencia de que la Unión Soviética no permitiría ninguna injerencia exterior en el país, aprovechando la crisis política que vivía Polonia.

El esperado 9º Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, que se celebró del 14 al 20 de julio, no confirmó los rumores de una posible dimisión del primer secretario del Partido, Stanislaw Kania, quien, por el contrario, fue reelegido nuevamente. Como era de esperar, durante el Congreso se decretó la expulsión del POUP del ex primer secretario, Edward Gierek, y otros colaboradores a quienes se criticó la política desarrollada durante su mandato. Sin embargo, el 18 de octubre, Stanislaw Kania tuvo que reconocer la pérdida de autoridad en el propio seno del Partido y presentó su dimisión que fue aceptada por el Comité Central, que nombró para sucederle al general Jaruzelski, con lo que acumulaba las funciones de primer ministro y de máximo responsable del POUP.

En este clima de crisis, la Iglesia católica tenía un primerísimo plano. Por un lado, el líder incuestionado de Solidaridad, Lech Walesa, hacía pública profesión de su fe católica, aceptada por las más altas instancias religiosas, como quedó demostrado en la audiencia que le concedió el Papa Juan Pablo II, el 13 de enero. La presencia de los representantes de la jerarquía también era constante en todas las huelgas y manifestaciones populares, aunque quedaba clara la distinción entre la activa militancia de cierto número de sacerdotes y el papel más moderador y mediador de la jerarquía católica polaca. Por este motivo, la muerte del cardenal primado, Stefan Wyszynski, el 28 de mayo, fue un verdadero duelo nacional, y la elección de su sucesor constituía un delicado problema diplomático por parte del Vaticano.

El 15 de enero 1981, una delegación de la “Solidaridad” con Lech Wałęsa se reunió en Roma con el Papa Juan Pablo II.
Jaruzelski en el momento de decretar la ley marcial, el 13 de diciembre 1981. La incógnita se despejó con el nombramiento del joven obispo de Warmia, Josef Glemp, que representaba la línea más mediadora del episcopado, al mismo tiempo que recomendaba cierto distanciamiento de la iglesia de la vida pública y política del país.

Consciente de la importancia de la Iglesia y del sindicato Solidaridad, que había celebrado su primer congreso nacional a principios de otoño y que supuso la clamorosa reelección de Walesa, el general Jaruzelski se reunió con monseñor Glemp y el sindicalista Walesa, el 4 de noviembre, para discutir a cerca de la posible creación de una plataforma permanente de diálogo entre las fuerzas políticas, sindicales y religiosas. Sin embargo, la dinámica interna de Solidaridad iba necesariamente más allá de los límites que podía tolerar el Gobierno, como se puso de manifiesto, el 11-12 de diciembre, cuando la comisión de coordinación del sindicato, reunida en Gdansk, aprobó la propuesta de celebrar un referéndum nacional, el 15 de enero de 1982, para decidir si sostenía o no su confianza en el Gobierno. La reacción del general Jaruzelski fue inmediata, pues detuvo, en la noche del 12 al 13 de diciembre, al equipo dirigente de Solidaridad, incluido a Walesa, para decretar, el 13 de diciembre, la ley marcial. Con ello cobró todo protagonismo el Consejo Militar de Salvación Nacional instaurado por Jaruzelski, mientras el POUP quedaba relegado a simple espectador de los acontecimientos. Los militares ordenaron asimismo la detención del ex secretario del POUP, Edward Gierek, al mismo tiempo que anunciaron el inicio inmediato de juicios contra los antiguos funcionarios que hubieran aceptado sobornos y practicado la corrupción durante la época de Gierek.

La proclamación de la ley marcial significó la ocupación militar de Varsovia por el Ejército, con un importante despliegue de carros de combate. Con ello se hizo imposible la revuelta popular, en un primer momento provocada de modo espontáneo como reacción a los acontecimientos. Sólo en Gdansk, 13.000 personas ocuparon durante varios días la plaza Lenin, al mismo tiempo que se constituía una Ejecutiva provisional de Solidaridad en la clandestinidad. Sin embargo, la desproporción de los medios de lucha era tan evidente que el orden público se restableció rápidamente, y las huelgas en las grandes industrias también se fueron suspendiendo, mientras que el general Jaruzelski practicaba una doble política de total exigencia del mantenimiento del orden público y de la normalidad laboral, aunque sin caer en las practicas de represión indiscriminada contra los sindicalistas.

El objetivo último del sindicato independiente Solidaridad es el crear unas condiciones de vida más dignas en una Polonia soberana económica y políticamente, de una vida liberada de la pobreza, la explotación, el miedo y la mentira, en una sociedad organizada democráticamente y sobre la base del derecho.

La película "El hombre de hierro" de Andrzej Wajda presenta los acontecimientos de agosto de 1980.

Tanques y vehículos blindados en frente de la entrada al Astillero de Gdansk en diciembre de 1981.

 

Premios
1981: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa
1981: Cannes: Palma de Oro, Premio del Jurado Ecuménico
1981: Premios César: Nominada a Mejor película extranjera
1981: Círculo de críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera

 

 

 

 

 

Fecha del evento: Domingo 3.08.2014 Casa Bruzzone Mar del Plata